Opinión

¡Ay David, qué mensaje!

Por: Priyanka Rodriguez

Precisamente en la Patria que te vio nacer, cual bandera pusiste en alto en tierras extranjeras y aquella de la que siempre presumes.  Sí, esa misma Patria en la cual, cada día, decenas de dominicanos lamentablemente corren tu misma suerte. Otros, simplemente no pueden contarlo.

Esta Patria, de grandes hombres y mujeres, que al igual que tú, nos dieron a conocer en lugares que no imaginaban existíamos.  Aquí, donde al momento de escribir estas líneas hay madres sepultando a sus hijos y esposos.  Donde hay otras llorando en la habitación de sus crías, viendo sus dibujos o peluches, porque lo asesinó no la percepción, sino la realidad, esa realidad que muchos se jactan de esconder, esa que me hace mirar la casa veinte segundo cada vez que salgo, porque no sé si volveré. Esa realidad que me hace orar y llorar por mi madre, mis hermanos, mi esposo, mis amigos, porque no sé si podré volver a ver.

En éste momento, alguien va a una cita psicológica porque no ha podido superar el duelo de una vida perdida, arrebatada por la prepotencia de ministros que son capaces de decirnos nos quejamos demasiado, pero llevan consigo guardaespaldas que superan en número a muchas familias y utilizan los servicios de inteligencia para sus situaciones personales como si fuesen el sistema de vigilancia de cámaras de seguridad de sus hogares.

Te tocó a ti ésta vez. No la inseguridad, sino la falta de voluntad para tomar medidas drásticas contra la delincuencia que nos carcome como sociedad, esa que ya han hecho política de estado, apoyada y llevada a cabo por aquellos que tienen en sus manos el poder para terminarla.

¡Ay David, qué mensaje! Mensaje que pone en relieve las debilidades de nuestra nación, mientras se debate no una solución, sino la continuidad de ella. Con un código penal que victimiza al verdugo y castiga a las víctimas.

Estamos en crisis y vamos rumbo al colapso.

Lo lamento tanto David. Lo lamento tanto familias. Mi corazón se inunda de dolor con cada caso, que es visto como “uno más”. Y no, no hay “uno más”, hay casos, a los que se debe ofrecer solución, hay una sociedad que suplica justicia, una nación que clama se castigue a los culpables y se establezcan programas de prevención efectivos.

Hoy no solo los dominicanos de buen corazón lloramos, parte del mundo también derrama sus lágrimas. Juntos pedimos a Dios una pronta recuperación y paz para ti y los tuyos.

 

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